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viernes, 1 de febrero de 2013

Algunas fotos atrasadas y más

Tras tantos meses sin postear, va siendo hora de poner al día este blog. Estos últimos meses han dado mucho de si, por fin se terminó (¡y de qué manera!) la grave sequía que nos afectó en nuestro primer año por estas tierras, hemos aprovechado la buena, aunque corta, temporada de setas silvestres y hemos seguido aprendiendo y trabajando este pedacito de planeta que tenemos a nuestro cuidado.

Así pues, en esta entrada vamos a recopilar lo más destacado de estos últimos meses, por orden más o menos cronológico, por lo cual habrá algunas cosas que parece que poco tienen que ver entre ellas.

Empezamos por una muestra de uno de los sistemas de conservar frutos más low-tech y low-cost que se pueden practicar en nuestras latitudes, para mantener por bastante tiempo algo de la abundancia de los meses de verano y otoño, el secado al sol.

En el caso de los tomates, es conveniente utilizar variedades que sean muy carnosas y que a la vez contengan poco líquido. Estos tomates pera, que son perfectos para este propósito, fueron un regalo de nuestro vecino Juan.


El método es bien sencillo, basta con partir los tomates por la mitad a lo largo dejando un trozo de piel que aguante las dos mitades y ponerlos sobre una rejilla en un lugar bien soleado, con la pulpa expuesta (si hay muchas moscas, es aconsejable poner encima una malla o tela mosquitera, para evitar que pongan huevos o que dejen sus deyecciones). Seguidamente se echa un pellizco de sal encima de la pulpa para que facilite la expulsión de parte del agua y actúe como conservante. 

Pasadas unas dos o tres semanas, según las temperaturas, el sol que haga y el tamaño de los tomates, ya se pueden consumir o envasar en un recipiente con cierre hermético, tal cual o bien en maceración en aceite con algo de vinagre y algunas hierbas aromáticas (en climas húmedos, es aconsejable guardarlo en aceite para que no rehidraten y puedan enmohecer).La textura y el sabor que adquieren, recuerda vagamente al jamón serrano, por su punto elástico y su intenso sabor salado.

Aquí podeis ver parte del resultado final:


Siguiendo con el repaso, como decíamos al principio, durante otoño volvieron las lluvias, mostrando la cara más brutal del clima. En muchas zonas de Aragón y de toda Ibéria desbordaron ríos llevándose por delante cuanto encontraron en su camino. Nuestra comarca no fue una excepción con algunas crecidas verdaderamente espectaculares. El río que linda con nuestro terreno, también desbordó y nos dió un buen susto, llevándose por delante los montones de troncos inoculados que teníamos incubando. Afortunadamente se quedaron dentro de la chopera, no hubo que ir a buscarlos río abajo, lo que habría hecho materialmente imposible recuperarlos.

Aquí teneis algunas fotos de como quedó la chopera después de la grave crecida. Están algo movidas, fué difícil mantener el pulso firme entre los nervios y la preocupación por la posibilidad de haber perdido tanto trabajo.



Los troncos afortunadamente quedaron retenidos por los árboles.

El río, volviendo a su cauce normal.


Aunque llevamos un invierno bastante suave en lo que respecta a temperaturas, está siendo generoso en lo que a nieves se refiere:




Una observación que hemos podido hacer, es que la nieve cuaja antes y aguanta mucho más tiempo en el suelo desnudo que si está cubierto con vegetación. En las dos últimas fotos se aprecia un poco la diferencia, un mayor grueso de nieve en nuestro campo de arriba y en el del otro lado de la carretera, que están con el suelo desnudo (el de arriba por estar recién sembrado, el nuestro por el paso de ovejas) y el de abajo, que aun presenta una buena cobertura de alfalfa . Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Lo suave que está siendo el invierno en cuanto a temperaturas y lo generoso en cuanto a precipitaciones, están facilitándonos las cosas en el cultivo de las setas, puesto que no ha hecho falta regarlas en ningún momento y el micelio va creciendo a sus anchas en la mayoría de puntos de inoculación que hemos ido comprobando.



Micelio creciendo a sus anchas en distintos puntos de inoculación.

Punto de inoculación en el que, aparentemente, ha muerto el micelio.

Y para terminar, una alegría que nos hemos llevado precisamente hoy, pues están saliendo las habas que sembramos a finales del año pasado. La alegría ha venido porqué pusimos demasiado grueso de acolchado y pensábamos que tal vez habrían quedado ahogadas bajo el peso de la paja.


Hasta la próxima!


lunes, 18 de junio de 2012

Mejorando la retención del agua

Esta tarea idealmente deberíamos haberla hecho hace ya algún tiempo, bien antes de plantar los árboles o poco después, pero más vale tarde que nunca.

La zona donde estamos desarrollando el bosquete comestible, además de ser una de las partes del terreno en las que el suelo se encuentra más compactado y con menos materia orgánica, cuenta con un ligero pendiente, lo cual facilita que el agua de lluvia escurra con demasiada facilidad. Con estos primeros calores del verano que se acerca, los árboles se resienten de la falta de agua retenida en el suelo y éste, además, se encuentra muy endurecido.

La solución que hemos adoptado para ello, es la excavación de pequeñas zanjas de infiltración (mini-swales) aguas arriba de cada árbol, de tal modo que las aguas de escorrentía se retienen ahí y van infiltrándose poco a poco en el suelo. Al fin y al cabo, se trata de aplicar la máxima de la permacultura en cuanto a la gestión del agua: slow it, spread it, sink it (traducible como ralentizar, esparcir, empapar).

La mecánica del funcionamiento de este sistema se encuentra muy bien explicada en este video sobre los trabajos de Jeoff Lawton en Jordania:



Primeramente, limpiamos de alfalfa y hierbas la parte a excavar y alrededor del árbol en cuestión, y lo que retiramos, se incorpora como acolchado alrededor del árbol.



Seguidamente, dado que el suelo está muy endurecido, toca ablandarlo a golpe de pico, para poder excavar la zanja con más facilidad.


Damos una ligera curvatura a la zanja para que la mayor parte del agua capturada fluya hacia el árbol. La tierra retirada la colocamos, aguas abajo del árbol, en paralelo a la zanja, de este modo, cuando caiga la hoja, se acumulará ahí, ayudando a la formación de suelo.


Finalmente, colocamos en el interior de la zanja, algo de materia orgánica (paja en este caso, pero tambien valdría restos de alfalfa seca, estiércol, hojas o lo que haya más a mano) para que absorva el agua y reduzca la evaporación.


Esperamos que con la lluvia que está cayendo en estos momentos, empiece a notarse su efecto.

viernes, 27 de abril de 2012

Finales de Abril

Parecía que la primavera se despertaba perezosa este año, de hecho aun hace bastante frío por la noche, pero el reciente aumento de las temperaturas junto a las últimas lluvias están reactivando la vida allà donde miremos.

Los primeros árboles, plantados a primeros de marzo al lado del huerto están brotando generosamente, el manzano incluso nos ha dado una grata sorpresa en forma de flores.

El ciruelo, un poco más perezoso ha tardado un poco más en brotar, pero ya deja ver las primeras hojas.


Los árboles que formarán el bosque frutal fueron plantados a finales de marzo, muestran signos evidentes de haber arraigado correctamente, la mayoría de ellos están abriendo las yemas y los cerezos o guindos sacados del terreno, floreciendo.

 
Detalle de las hojas de la higuera

Ciruelo sungold
Detalle de los primeros brotes

Azufaifo
Brotes de nashi
Alrededor de la balsa de riego, plantamos unos cuantos tamarices o tarajes, arbolitos de ribera que son muy útiles para formar setos. Primero los enraizamos en la terraza, en cubos con agua y un poco de sustrato, una vez enraizados, los plantamos en grupos de 4 o 5 y hace unos días que están empezando algunos a echar hojas.

Las piedras actuan como reserva de calor, aminorando las fluctuaciones de temperatura entre el día y la noche, a parte de servir para señalizar la localización de los árboles entre la maleza.


Y ya que hablamos de la balsa, las últimas lluvias empezaron a llenarla, pero gracias a la pericia de nuestro vecino Juan (con quien compartimos el agua) que escarbando encontró la surgencia, ahora está prácticamente llena.

Por el momento, parece que tendremos el riego asegurado.
La parte de abajo de la balsa se encuentra normalmente saturada de agua y el suelo es muy arcilloso, lo que la hace impracticable para cultivar, pero óptima para favorecer la implantación de un humedal que será un buen refugio para anfibios que podrán alimentarse de los bichos del huerto.

Siguiendo el principio permacultural de usar soluciones lentas y pequeñas, hemos excavado una primera pequeña charca. A medida que vayamos observando el flujo del agua iremos ampliando o excavando otras hasta cubrir toda la zona con un sistema de charcas intercomunicadas que darán vida y diversidad al espacio.

Fue excavada ayer y hoy se encuentra mucho más llena, en los próximos días iremos viendo como se comporta.